En la columna, el profesor recordó que, pese a sus grandes transformaciones históricas, la universidad ha conservado el conocimiento como centro de su actividad: los profesores lo transmiten y los estudiantes deben demostrar que lo han adquirido. Según Barriga, ese modelo hoy se pone en cuestión, ya que, por primera vez, una tecnología puede realizar una proporción creciente de las tareas cognitivas para las que las universidades han preparado a sus estudiantes.
Frente a este escenario, el profesor UDP sostuvo que la respuesta no consiste en incorporar la inteligencia artificial a las clases, enseñar a escribir mejores prompts o automatizar las evaluaciones, pues eso sería “modernizar las herramientas sin modificar el propósito”. A su juicio, la universidad debe dejar de considerar la transmisión de conocimientos como su principal propuesta de valor y desarrollar las capacidades humanas necesarias para utilizarlos con criterio y responsabilidad.
En esa línea, Barriga precisó que el conocimiento seguirá siendo indispensable, aunque distinguió entre conocer, comprender, decidir y asumir las consecuencias. Asimismo, sostuvo que estas capacidades adquirirán una importancia creciente en el mundo profesional, donde las empresas no necesitarán solamente personas que produzcan respuestas, sino profesionales capaces de identificar problemas, formular las preguntas correctas, evaluar alternativas y tomar decisiones responsables.
A modo de conclusión, el académico planteó que el avance de la inteligencia artificial no hace menos necesaria a la universidad, sino más urgente que redefina su misión. “La pregunta que deberían hacerse hoy los rectores no es cuánta inteligencia artificial utilizan sus profesores y estudiantes. Es qué están formando en sus alumnos que la inteligencia artificial no pueda sustituir”, afirmó.
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