En la columna, el profesor analizó las recientes declaraciones de Donald Trump, Xi Jinping, Sam Altman, Dario Amodei y el papa León XIV, quienes, desde distintas perspectivas, han manifestado inquietudes frente al desarrollo de la inteligencia artificial. Para Barriga, pese a sus diferencias, estas posiciones convergen en una preocupación común: qué puede ocurrir si la tecnología avanza más rápido que la capacidad humana para controlarla.
El profesor UDP sostuvo que la discusión no debe limitarse a las capacidades que puede alcanzar la inteligencia artificial, sino también a cómo su desarrollo podría transformar la relación del ser humano con el conocimiento y con su propia inteligencia. En este contexto, planteó que, por primera vez, se están construyendo sistemas capaces de procesar información, aprender, razonar y crear a una velocidad que no depende de los ritmos biológicos humanos.
En esa línea, Barriga vinculó esta reflexión con una de las tesis centrales de su libro Presente Acelerado, señalando que el avance tecnológico obligará a reconsiderar aquello que distingue a las personas de las máquinas. “Tendremos que descubrir aquello que no se mide por la velocidad de procesamiento: la libertad, la responsabilidad, el amor, la conciencia, la capacidad de distinguir el bien del mal, la búsqueda de la verdad, y la pregunta por el sentido de nuestra existencia”, sostuvo.
A modo de conclusión, el académico planteó que el desafío no consiste únicamente en controlar el desarrollo de sistemas cada vez más inteligentes, sino también en evitar que el ser humano se convierta en espectador de su propia evolución. “El verdadero desafío será conseguir que, mientras las máquinas se vuelven más inteligentes, los seres humanos se vuelvan más humanos”, finalizó.
Lee la columna completa en el siguiente enlace.